VICARIO GENERAL

Pbro. Jesús Antonio Bautista Suárez

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Estudios: Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma

 

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CURIA ARZOBISPAL

¿Qué es el Vicario General? según el derecho canónico

El oficio del Vicario general es muy antiguo. Hace su aparición probablemente en el siglo XII. Según algunos, como contraposición al oficio del arcediano (archidiaconus), que absorbía excesivamente la potestad del Obispo diocesano en su desenvolvimiento cotidiano. Pero, más probablemente, el oficio del Vicario general aparece a raíz de la delegación universal del poder de gobierno que realiza el Obispo en favor de un sacerdote, en los momentos en que se ausentaba de la diócesis. En sus primeros tiempos era llamado Oficial, porque no recibía, como hoy, funciones sólo ejecutivas, sino también en el campo de la administración de la justicia. Pero paulatinamente fue distinguiéndose claramente del Oficial, al que le correspondían sólo las funciones judiciales, y que estaba subordinado al Vicario general. Encontramos hoy todavía resabios de esta superposición de funciones, que llegan hasta nosotros a través del Código piobenedictino, porque se autoriza ahora, como se hacía antes, cuando la diócesis es pequeña o las causas judiciales son pocas, a que el Vicario general sea nombrado también Vicario judicial.

Ya en el siglo XIV el Vicario general aparece como un oficio permanente, no en virtud de la potestad que el Obispo delega en un sacerdote para los momentos de su ausencia, sino como oficio que contiene potestad ejecutiva ordinaria, ejercida por un sacerdote por derecho propio (en virtud de su oficio), a latereEpiscopi, no en nombre propio, sino en nombre del Obispo diocesano.

El Código de Derecho Canónico promulgado en el año 1917 esclareció definitivamente la función del Vicario general, encomendándole funciones sólo jecutivas, salvo en los casos en los que la poca extensión de las diócesis o la escasez de los asuntos judiciales, como ya vimos, permitía, y permite aún hoy, encomendar las funciones del Vicario general y del Vicario judicial a la misma persona. Además, preveía la posibilidad del nombramiento de uno o más Vicarios generales, supeditándolo en cada caso al juicio que hiciera el propio Obispo sobre su necesidad para el buen gobierno de la diócesis.

El Concilio Vaticano II se ocupó de los Vicarios generales y de su oficio propio en el Decreto sobre el ministerio pastoral de los Obispos, al hablar de la Curia diocesana, dentro de la cual considera al del Vicario general como un cargo eminente.

La novedad en el nuevo Código de Derecho Canónico es que el Vicario general, dotado de potestad ordinaria para ayudar al Obispo en el gobierno de toda la diócesis, debe ser necesariamente nombrado en toda diócesis.

Además, se indica que, por regla general, el Vicario general debe ser uno solo. Los motivos que, según el Código, justifican que se nombre más de un Vicario general en una diócesis son, o el número de habitantes de la misma, u otras razones pastorales que lo aconsejen. Volveremos sobre este tema al hablar de los Vicarios episcopales. En realidad, esta posibilidad del nombramiento de más de un Vicario general es una herencia de la antigua legislación, que permitía, por razones de la extensión del territorio o por la diversidad de ritos, nombrar más de uno. Pero, si el Vicario general, como habitualmente se dice, hace las veces del Obispo, y hay un solo Obispo diocesano, lo normal es que haya un solo Vicario general.

Lo propio del oficio del Vicario general, como su mismo nombre lo indica, es la universalidad del alcance de su potestad. Es nombrado para ayudar al Obispo diocesano en el gobierno de toda la diócesis. Es un oficio de colaboración al Obispo en el gobierno de toda la diócesis. Tendrá algunas limitaciones fijadas por el derecho mismo, y otras que le puede poner el propio Obispo. Pero estas limitaciones no podrán nunca desnaturalizar el sentido propio de este oficio, que es, precisamente, su generalidad o universalidad. Cuando se quiera dar una participación limitada en el gobierno de la diócesis, ya sea por razón del territorio en el que se ejerza, o por las materias o asuntos que abarque, o, finalmente, por las personas a las que se dirija, el camino no será nombrar un Vicario general de alcance limitado, sino un Vicario episcopal.

Su potestad

El canon 479, en su parágrafo primero, dice que al Vicario general le compete en toda la diócesis toda la potestad ejecutiva que corresponde por derecho al Obispo diocesano, para realizar cualquier tipo de actos administrativos, exceptuados sólo aquellos que el Obispo se hubiera reservado, o que requieran un mandato especial del Obispo.

 

Potestad ejecutiva ordinaria (can. 131 § 1)

La potestad de la que gozan los Vicarios generales, dentro de los límites de su jurisdicción, es una potestad ejecutiva ordinaria. Así se desprende de la legislación que define a los Vicarios generales y episcopales como Ordinarios y Ordinarios del lugar.

 

El Vicarios general está regido, en el ejercicio de esta potestad, por todas las prescripciones del derecho universal para el ejercicio de la potestad ejecutiva ordinaria. Así, la puede ejercer también cuando se encuentra fuera de su territorio propio, sobre sus súbditos, aunque también éstos se encuentren fuera de su territorio, salvo que conste algo distinto por la naturaleza de la cosa o por una prescripción contraria del derecho. Y cuando se trata de conceder favores, la pueden ejercer, dentro de su territorio, también en favor de los peregrinos, así como pueden obligar a los mismos a cumplir las leyes que miran a la tutela del orden público, o que determinan las formalidades que han de seguirse en los actos jurídicos, o que se refieren a las cosas inmuebles situadas dentro de su territorio.

 

Potestad del Vicario general (can. 479 §§ 1 y 3)

La potestad que el derecho otorga al Vicario general, en virtud de su oficio, es principalmente la potestad ejecutiva que el derecho mismo otorga al Obispo diocesano. Esta potestad la ostenta el Vicario general en toda la diócesis, y le permite realizar en ella o sobre sus súbditos, aún estando fuera de ella, cualquier tipo de actos administrativos.

Puede, por ejemplo realizar decretos generales ejecutivos e instrucciones, y todo tipo de actos administrativos singulares (decretos singulares -y, dentro de ellos, preceptos-, y rescriptos, a través de los cuales se conceden privilegios, dispensas u otras gracias), siempre dentro de los límites que expondremos más adelante, al final de este apartado.

 

Facultades habituales (can. 479 § 3)

Las facultades habituales son potestades que no pertenecen de suyo al oficio del Obispo diocesano, sino que le son concedidas por la Sede Apostólica. Por esta azón, deben considerarse como una potestad delegada, y se rigen por las prescripciones sobre la potestad delegada. Se llaman facultades habituales a las que se conceden para que el Obispo ejerza libremente, aunque se hayan concedido por un tiempo determinado o para un número limitado de casos (pero sin la indicación de cuáles son los casos en las que se las puede actuar).