Mayo, mes de oración

María nos trajo a Jesús. Es madre. Una Iglesia sin María es un orfanato. Ella ayuda a que Jesús nazca y crezca en ti.  María te lleva a Dios con paciencia y ternura para que le desate los nudos de tu vida, con misericordia de Padre. Ella te acompaña. Toda la vida fue discípula de Jesús; se dejó guiar por sus palabras, tuvo sus sentimientos y actitudes. Una madre cuida a sus hijos y trata de salvarlos hasta el fin. Ella toca tu conciencia cada instante. Trae a Jesús del cielo a convivir contigo. Ella te cuida, te aconseja; está cerca.

Pero ¿no es mucha devoción para tan solo una madre? Nadie puede despreciar a su propia madre, Nadie puede prescindir o renunciar a María. La biblia lo dice: “Desde ahora me felicitaran todas las generaciones” Lc 1, 48. Por más que conozcas a Jesús, Nadie puede decir que es tan maduro como para creer que ya no necesita de María. Cuando Falta su maternidad, solo queda la rigidez, la disciplina; no hay alegría.

Ella te protege y defiende en los momentos de turbulencia espiritual. Te acoge bajo su manto. Tu vida no puede ser un deambular sin rumbo, aun con incertidumbres y sufrimientos nos tiene una meta segura: la casa del Padre que te espera con amor.

María te invita a salir de casa, a servir, a tener un corazón abierto; a involucrarte con los demás, a sostener la esperanza; a ser signos de reconciliación. Te invita a vivir la revolución de la ternura. Cristo y su madre son inseparables.

Hay gente que se avergüenza de la virgen. No hablan de ella con amor. Jesús no se avergonzaba de la virgen, porque nunca se avergonzó de su madre. Por esto, no se puede entender a Jesús sin su madre.

En el mes de mayo, la Arquidiócesis de Nueva Pamplona te invita a orar por el Seminario Mayor Santo Tomas de Aquino y por todas las madres del mundo.