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Nuestros
iniciadores en la fe
Estas
cuartillas escritas con fe y con cariño pretenden rendir un sencillo
homenaje de gratitud a los obispos de Pamplona. El mejor elogio
a su memoria es reconocer sus virtudes, agradecer su trabajo apostólico,
que fue admirable, y, bendecirlos por la santidad de sus vidas
con las cuales nos dieron preclaro ejemplo. La mayoría de ellos
fueron bravos y valientes defensores de la fe, timones firmes
y seguros de la barca de esta Iglesia particular, en momentos
en que vientos de doctrinas y decretos anticlericales del gobierno,
parecían hacerla naufraga.
Monseñor
Jorge Torres Stans (1837-1853)
Inicia
este glorioso elenco, nacido en la calurosa Cartagena de Indias
y consagrado en Bogotá. Se distinguió por su amor al seminario,
a las vocaciones, y por la tenacidad con que se opuso a los decretos
expedidos por el gobierno contra los derechos de la Iglesia. De
81 años de edad, triste pero no derrotado, se asiló en San Antonio
del Táchira, donde murió el 19 de abril de 1853.
Monseñor
José Luis Niño (1856-1864)
Nacido
en Santa Rosa de Vitervo, notable erudito, defendió y difundió
la fe y la pureza de las costumbres El gobierno siguió con la
intención de quitarle a la Iglesia la influencia y el poder que
tenía ante la sociedad y Monseñor Niño, con vehemencia, invitaba
a los fieles y sacerdotes a conservar los derechos e inmunidades
de la misma; fue desterrado a San Antonio del Táchira por oponerse
al gobierno.
Los caminos de los “Llanos de carrillo”, Chinácota y San Cayetano,
lo vieron pasar con su báculo de peregrino, soportando estoicamente
los maltratos e improperios de la tropa que celosamente lo custodiaba.
Los últimos seis meses de su vida los pasó con crueles sufrimientos,
en los cuales dio el más sublime ejemplo de piedad. Murió el 12
de febrero de 1864 en la ciudad fronteriza de San Antonio y sus
honras fúnebres se realizaron allí mismo.
Monseñor
Bonifacio Antonio Toscano (1865-1873)
Nacido
en Sogamoso, fue ordenado sacerdote después de viudo. Preconizado
como Obispo de Pamplona, fue consagrado por Monseñor Antonio Herrán.
Dedicó su talento y sabiduría, visitando la diócesis, reorganizando
las vicarias foráneas, convocó y llevó a término el primer sínodo
diocesano el 21 de abril de 1872 y fue brillante su participación
en el Concilio Vaticano I.
Monseñor
Indalecio Barreto (1874-1875)
Oriundo
también de Boyacá (Somondoco) como su antecesor. Fugaz fue su
episcopado de solamente unos tres meses, ya que murió repentinamente
en marzo de 1875.
Monseñor
Ignacio Antonio Parra (1876-1877; 1880-1908)
Por
estos años la situación de Colombia volvía a ser caótica y exigía
levantar la voz. El Espíritu Santo suscitó para Pamplona un hombre
de un temple extraordinario, oriundo de Samacá, Doctor en Teología
y excelente párroco. Ante las denuncias de las persecuciones a
la Iglesia, vinieron destierros, profanación de templos, vasos
sagrados, destrozo de ornamentos, burlas a las imágenes y atentados
contra los sacerdotes.
Desde Cartagena a donde fue desterrado, el 13 de enero de 1878
contaba en una carta, que había sido arrebatado por el furor de
los enemigos de Cristo y custodiado por 200 bayonetas. Restituido
en su sede pamplonesa en 1880, organizó el hospital de Caridad,
fundó la Unidad Católica en 1881, el apostolado de la Oración,
trajo a las Hermanitas de los ancianos desamparados y a los Padres
Eudistas quienes permanecieron en Pamplona hasta 1944. Falleció
Monseñor Parra el 21 de febrero de 1908.
Monseñor
Evaristo Blanco (1909-1915)
Nacido
en el Valle de San Miguel (Santander), gobernó esta grey con gran
caridad, prudencia, energía y con el ejemplo de su vida austera
y santa. Alumno y más tarde Vicerrector del Seminario de Pamplona,
dedicó su tiempo a la organización de asociaciones religiosas,
a la disciplina del clero y del Seminario. Murió el 15 de septiembre
de 1915.
Domingo
Rafael Afanador y Cadena ( 1916 -1956)

Otro
gran Santandereano, con olor de santidad, nacido en Barichara.
En su largo y fecundo pontificado - 40 años -, ordenó más de un
centenar de sacerdotes. Entre las tantas cosas que hizo digamos
que se dedicó a defender a sus fieles, a no permitir las malas
publicaciones, a luchar por la educación moral y religiosa de
la juventud y promovió las misiones del Sarare, ayudado por el
Padre Rochereau, eudista, y por las Hermanas Lauritas.
Impulsó la creación del Colegio San Pedro Claver de Bucaramanga,
construyó el Palacio Episcopal actual, dotó de nuevo edificio
al Seminario Mayor, puso en buen estado la catedral, convocó el
segundo sínodo diocesano. Creía Monseñor Afanador que la fe se
debía, no solo conservar, sino fomentar y defender. La situación
política del tiempo le causó muchos problemas hasta el punto de
ser humillado en público. Gran luchador de la libertad sindical.
En Pamplona en 1946 los sindicatos impulsados por el prelado sumaban
12. Estimuló la creación de la “Acción Católica” (1943), el movimiento
familiar cristiano (1950), y la Legión de María (1954). Murió,
colmado de virtudes y méritos, luego de haber probado las glorias
del arzobispado como titular de Pompeyópolis, el 5 de marzo de
1957.
Monseñor
Norberto Forero y García (1952 -1956)
Retirado
Monseñor Afanador y Cadena del gobierno de la Diócesis por su
avanzada edad, la Santa Sede nombró Administrador Apostólico de
Pamplona a Monseñor Norberto Forero y García, oriundo de Toguí
(Boyacá) y quien posteriormente fuera promovido a la ilustre e
histórica sede de Santa Marta donde ejerció ejemplarmente su ministerio
episcopal por largos años.
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