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2 No.6 - 83 Pamplona
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CRISTO DEL HUMILLADERO

Enclavada en las altas montañas nortesantandereanas, sumergida en la neblina y con olor a antigüedad, Pamplona, ciudad fundadora de ciudad y madre de una gran tradición religiosa, guarda en su seno la preciosa imagen del Señor del Humilladero, en la pulcra Ermita que lleva su nombre.
Misteriosamente los habitantes de Pamplona no conocen cómo llegó a su sitio el Señor del Humilladero, pero reza la tradición de los antepasados, que este Cristo fue traído a Pamplona hacia el año 1553, desconociendo su lugar de origen y el artista que lo talló. Se reconoce que es una hermosa obra renacentista de la primera mitad del siglo XVI, posiblemente hecha en España.
El desconocimiento de su verdadero origen ha hecho que en la piedad popular de las gentes sencillas y devotas se hayan generado tradiciones con elementos sobrenaturales y cautivadores. Una de esas tradiciones afirma que “dos ángeles en figura humana se presentaron a la ciudad para complacer el deseo de los pamploneses de contar con un Crucifijo y estuvieron trabajando en la Capilla durante varios días, hasta que desaparecieron sin haber probado los alimentos que se les llevaban y dejando en la Ermita tan preciosa imagen”. Esta piadosa tradición expresa de forma legendaria el aprecio por la calidad de la obra, al presentarla como “no hecha por la mano del hombre”.
Es un Cristo clásico de cabeza inclinada, con los pies unidos al madero solo por un clavo, tallado en madera de cedro, hueca en su interior. En la espalda este Cristo tiene una amplia apertura sellada por un pergamino fuerte, permitiendo oxigenar la madera. El “encarnado”, como se denominan las partes del acabado que ocupan la piel de una imagen, está aplicado sobre una capa de cola brillante de un tono blanco amarillento.
Con trazos realistas se marcaron los hematomas y la sangre, su rostro delicado y admirablemente perfecto nos transporta al dolor sufrido por Jesús en el Calvario. Esta imagen de Jesús crucificado tiene una altura de 1,70 metros. Se halla incrustada en un camarín de madera recubierta en tela de color púrpura de estilo colonial. Acompañan a su derecha la figura del sol y a su izquierda la luna, que en la iconografía religiosa representan los signos de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Se llama “Cristo del Humilladero” porque el sitio donde se encuentra fue escogido por los primeros misioneros después de la fundación de la ciudad de Pamplona, para que la gente que viajaba por ese lugar hacia el valle de los motilones (hoy Cúcuta) y Venezuela, se encomendara y pidiera la protección de Dios. La palabra “humillarse” en la teología significa abandono, protección y confianza en Dios.
Las manifestaciones públicas de piedad como peregrinaciones, procesiones, rogativas, entre otros, se congregan alrededor de la veneración de esta imagen de Jesús, permitiendo la vivencia de una espiritualidad centrada en el misterio pascual de Cristo y que tiene su especial realce durante la Semana Santa y en la fiesta patronal del 14 de septiembre de cada año. Su reconocimiento, no sólo desde el punto de vista de arte religioso, sino desde su popularidad entre la devoción de los fieles hacen de esta imagen un baluarte espiritual, afectivo y artístico invaluable para nuestra Arquidiócesis de Nueva Pamplona.
ORACIÓN AL CRISTO DEL HUMILLADERO

Señor del Humilladero porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, para bendecirte, para darte gracias por tantos favores como me has concedido.
Señor del Humilladero porque te amo, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido y con los cuales te he crucificado de nuevo en mi corazón; yo te prometo comenzar desde hoy una vida nueva.
Señor del Humilladero porque te amo, quiero amarte presente en cada uno de mis hermanos.
Señor del Humilladero porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del Evangelio: “Señor, si quieres puedes curarme” (Marcos 1, 40). Cúrame Señor, de la enfermedad del pecado y de las demás enfermedades que me hacen sufrir.
Señor del Humilladero porque te amo, yo me consagro a tu servicio con mi familia, con mis seres queridos, con mis trabajos, mis problemas y mis alegrías.
Señor del Humilladero porque te amo, yo quiero vivir siempre contigo durante la vida, para vivir siempre contigo en el cielo. AMÉN.
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